martes, 12 de mayo de 2020

EL REALISMO

Queridos alumnos: 

Nos toca seguir con la literatura de la segunda mitad del S.XIX, es decir, con el Realismo. Os sugiero, por supuesto, que consultéis la información completa de la unidad, pero aquí preferiría centrarme en el género literario más importante en el Realismo, que es por supuesto, la novela.

Bien, empecemos con un poco de historia para poder enmarcar la literatura de este periodo realista.







CONTEXTO HISTÓRICO, SOCIAL Y CULTURAL

Las disputas y controversias entre conservadores y liberales continúan marcando el acontecer histórico de esta segunda mitad del siglo XIX. Se suceden periodos políticos de carácter autoritario con periodos de carácter liberal. En 1968 se produce La Gloriosa, la revolución que acaba temporalmente con la monarquía borbónica. La figura clave de este momento es el general Prim, quien amalgama un conjunto de fuerzas muy heterogéneas (liberales, progresistas, demócratas, republicanos) que serán incapaces de encontrar un programa común. La intervención del ejército restaura en el trono a los Borbones, ahora en la figura de Alfonso XII. Se inicia con ello el largo periodo de la Restauración. El principal político de la época es Cánovas, jefe del partido Conservador. Consolidado este sistema en los años 80, Cánovas y Sagasta (jefe del partido liberal) acuerdan en el llamado Pacto de El Pardo la alternancia en el poder de los dos partidos.
A lo largo de esta época, la sociedad española experimenta una transformación evidente: la población crece de manera significativa. La población sigue siendo mayoritariamente rural.
Socialmente, la burguesía no es capaz de llevar a buen puerto la revolución liberal. La alta burguesía financiera se acaba fundiendo con los restos de la vieja aristocracia y se constituye así la oligarquía dominante de la Restauración. Por su parte, el movimiento obrero se organiza progresivamente.
En el campo de la cultura, es visible también el enfrentamiento entre las ideas conservadoras y liberales. Por otra parte, el analfabetismo sigue siendo todavía un grave problema en España.






Bien, hecha esta introducción, veamos pues cuáles son las características del Realismo.

Recordemos que siempre debemos conocer la primera y principal en un movimiento artístico será precisamente aquella que lo distancia del movimiento anterior, por lo tanto la característica primera del Realismo es el abandono del sentimentalismo excesivo. El romanticismo ha dejado cansados a los escritores de esa profusión de emociones. Se buscará ahora la calma y la observación que intenta ser fiel a la realidad. De ahí que la novela permita este objetivo, mientras que la poesía poco tendrá que hacer en una época mucho más prosaica, alejada del romanticismo.



Benito Pérez Galdós


CARACTERÍSTICAS LITERARIAS: 

REALISMO Y NATURALISMO


 .Observación y descripción precisa de la realidad: 

Este interés por la observación de la realidad es paralelo a los métodos de observación característicos de las ciencias experimentales. Para ello, los escritores llegan a documentarse sobre el terreno tomando apuntes sobre personajes o ambientes, o bien consultan libros, de los que extraen la información precisa. La vida real se convierte así en objeto estético.

.Ubicación próxima de los hechos:

Frente a la evasión espacio-temporal del Romanticismo, los autores realistas escriben sobre lo que conocen, por lo que tienden a situar sus obras en lugares próximos y en el momento presente. La mirada se desplaza a lo cotidiano, eliminando el subjetivismo y la fantasía.

Frecuente propósito de crítica social y política:

Esta intencionalidad sociopolítica varía según la ideología particular de cada escritor. En general, los escritores conservadores describen la realidad para mostrar su degradación y postular un retorno a los viejos valores tradicionales. Los progresistas también muestran lacras sociales, pero éstas, según ellos, obedecen en muchos casos a la pervivencia de una mentalidad conservadora que lastra el avance hacia un mundo nuevo.

.Estilo sencillo y sobrio:

Los realistas no sólo abandonan los temas legendarios del Romanticismo, sino que rechazan la pomposa retórica romántica. El ideal del estilo realista es la claridad y la precisión.


Predilección por la novela:

El género literario por excelencia fue la novela, que alcanzó un auge inusitado. Según los realistas, la prosa narrativa era el género más adecuado para reflejar la realidad en su totalidad. Elementos importantes de la novela realista son: VEROSIMILITUD, PROTAGONISTAS INDIVIDUALES O COLECTIVOS, NARRADOR OMNISCIENTE, DIDACTISMO, APROXIMACIÓN DEL LENGUAJE AL USO COLOQUIAL.





Novelistas realistas importantes fueron: 

Juan Valera, José Mª de Pereda, Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós o Leopoldo Alas, alias "Clarín". Recordemos, por supuesto a los novelistas europeos contemporáneos como Balzac, Flaubert y Tolstoi.

Sepamos algo más sobre:

 BENITO PÉREZ GALDÓS 


El gran número de novelas escritas por Galdós ha exigido una clasificación por parte de la crítica literaria.

Primeras novelas: Son las publicadas durante la década de los setenta. Casi todas ellas son novelas de tesis, donde se contraponen dos ideologías: conservadora y liberal. La intención didáctica de estas obras es explícita. Encontramos todavía personajes bastante planos psicológicamente, la tesis es bastante maniquea: hay personajes muy malos y otros muy buenos, o las víctimas de por vida de otros personajes o de una situación, quizás en un perfil psicológico demasiado simplista aún.






En cambio en las Novelas españolas contemporáneas, se produce un intenso cambio en la profundización psicológica, los personajes son mucho más complejos y sufren una evolución. Así llamó Galdós a las novelas publicadas a partir de 1881. En casi todas ellas, Galdós despliega muchas de sus mejores artes narrativas: minuciosa captación de ambientes y tipos, uso magistral de los dialógos, empleo de novedosos monólogos interiores, sabio manejo narrativo de múltiples anécdotas argumentales. Títulos destacados de este grupo de novelas son: La desheredada, Fortunata y Jacinta y La de Bringas.






Episodios Nacionales: Están constituidos por cuarenta y seis novelas. Pretenden reconstruir de forma novelada la historia del siglo XIX español.






Últimas novelas: La crisis de la estética realista, y, por otra parte, el interés por buscar nuevos cauces expresivos, determinarán un cambio de rumbo en la narrativa de Galdós, en la etapa última de su trayectoria. En alguna de las novelas de este grupo se percibe un espiritualismo muy característico de la narrativa europea de finales de siglo. Títulos importantes de esta época son: Misericordia y Tristana.




Bien, analicemos los siguientes fragmentos:


MARIANELA DE GALDÓS

¡Cosa rara, inaudita! La Nela que nunca había tenido cama, ni ropa, ni zapatos, ni sustento, ni consideración, ni familia, ni nada propio, ni siquiera nombre, tuvo un magnífico sepulcro que causó no pocas envidias entre los vivos de Socartes. Esta magnificencia póstuma fue la más grande ironía que se ha visto en aquellas tierras calaminíferas. La señorita Florentina, consecuente con sus sentimientos generosos, quiso atenuar la pena de no haber podido socorrer en vida a la Nela, con la satisfacción de honrar sus pobres despojos después de la muerte. Algún positivista empedernido criticóla por esto; pero nosotros vemos en tan desusado hecho una prueba más de la delicadeza de su alma.
Cuando la enterraron, los curiosos que fueron a verla ¡esto sí que es inaudito y raro!, la encontraron casi bonita; al menos así lo decían. Fue la única vez que recibió adulaciones.






FORTUNATA Y JACINTA DE GALDÓS

Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas con ella.
–¿Vive aquí –le preguntó– el señor de Estupiñá?
–¿Don Plácido?… en lo más último de arriba –contestó la joven, dando algunos pasos hacia fuera.
Y Juanito pensó: «Tú sales para que te vea el pie. Buena bota»… Pensando esto, advirtió que la muchacha sacaba del mantón una mano con mitón (2) encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se desbordaba del pecho del joven Santa Cruz, y no pudo menos de decir:
–¿Qué come usted, criatura?
–¿No lo ve usted? –replicó mostrándoselo–. Un huevo.
–¡Un huevo crudo!
Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por segunda vez el huevo roto y se atizó otro sorbo.
–No sé cómo puede usted comer esas babas crudas –dijo Santa Cruz, no hallando mejor modo de trabar conversación.
–Mejor que guisadas. ¿Quiere usted? –replicó ella ofreciendo al Delfín lo que en el cascarón quedaba.
Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas gelatinosas y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta; pero no: le repugnaban los huevos crudos.
–No, gracias.
Ella entonces se lo acabó de sorber, y arrojó el cascarón, que fue a estrellarse contra la pared del tramo inferior. Estaba limpiándose los dedos con el pañuelo, y Juanito discurriendo por dónde pegaría la hebra, cuando sonó abajo una voz terrible que dijo:
–¡Fortunaaá!






Y vayamos ahora a leer un fragmento de La Regenta, una de la más importantes obras realistas, en este caso de Clarín, que realiza una crítica mordaz de la sociedad española en su hipocresía y costumbres asumidas por tradición que solo hacen más infelices a los seres humanos. El retrato psicológico femenino de Ana Ozores, la Regenta, es uno de lo más célebres de la literatura.






LA REGENTA DE CLARÍN


Las primeras palabras de amor que Ana, ya vencida, se atrevió a murmurar con voz apasionada y tierna al oído de su vencedor, no el día de la rendición, mucho después, fueron para pedirle el juramento de la constancia... 

«Para siempre, Álvaro, para siempre, júramelo; si no es para siempre, esto es un bochorno, es un crimen infame, villano...». 

Mesía había jurado, y seguía jurando todos los días, una eternidad de amores. 

La idea de la soledad después de aquello, le parecía a la Regenta más horrorosa que en un tiempo se le antojara la imagen del Infierno. 

Con amor se podía vivir donde quiera, como quiera, sin pensar más que en el amor mismo...; pero sin él... volverían los fantasmas negros que ella a veces sentía rebullir allá en el fondo de su cabeza, como si asomaran en un horizonte muy lejano, cual primeras sombras de una noche eterna, vacía, espantosa. Ana sentía que acabarse el amor, aquella pasión absorbente, fuerte, nueva, que gozaba por la primera vez en la vida, sería para ella comenzar la locura. 

«Sí, Álvaro; si tú me dejaras me volvería loca de fijo; tengo miedo a mi cerebro cuando estoy sin ti, cuando no pienso en ti. Contigo no pienso más que en quererte». 

Esto solía decir ella en brazos de su amante, gozando sin hipocresía, sin la timidez, que fue al principio real, grande, molesta para Mesía, pero que al desaparecer no dejó en su lugar fingimiento. Ana se entregaba al amor para sentir con toda la vehemencia de su temperamento, y con una especie de furor que groseramente llamaba Mesía, para sí, hambre atrasada. 

Él estuvo el primer mes asustado. Si los primeros días renegaba del miedo, de la ignorancia y de los escrúpulos (absurdos en una mujer casada de treinta años, según la filosofía del Presidente del Casino), pronto vio tan colmada la medida de sus deseos, que llegó a inquietarle «otro aspecto» de sus amores. Nunca había sido más feliz. ¿Quería satisfacer el amor propio a quien la edad empezaba a dar algunos disgustos? Pues Ana, la mujer más hermosa de Vetusta, le adoraba; y le adoraba por él, por su persona, por su cuerpo, por el físico. Muchas veces, si a él le daba por hablar largo, y tendido, ella le tapaba la boca con la mano y le decía en éxtasis de amor: «No hables». Mesía no echaba esto a mala parte; también él reconocía que lo mejor era callar, dejarse adorar por buen mozo. ¿Quería satisfacer caprichos de la carne ahíta, gozar delicias delicadas de los sentidos? Pues la misma ignorancia de Ana y la fuerza de su pasión y las circunstancias de su vida anterior y las condiciones de su temperamento y la de su hermosura facilitaban estos alambicados goces del gallo, corrido y gastado, pero capaz de morir de placer sin miedo. Y a pesar de tanta felicidad, Mesía estaba intranquilo.






TAREA

-Leed por favor los fragmentos anteriores y explicad por qué pertenecen al Realismo, a qué autor y en el caso de Galdós concretamente a cuál de sus etapas.

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miércoles, 6 de mayo de 2020

SIGLO XIX ROMANTICISMO

Queridos alumnos:

Iniciamos un nuevo viaje artístico, literario. Nada menos que en el siglo XIX con el romanticismo.

El siglo XIX nos ofrece dos grandes movimientos artísticos. En España, de manera general la primera mitad se correspondería con el romanticismo exaltado , mientras que la segunda mitad lo haría con el realismo.
No obstante en la segunda mitad ya coincidiendo con el nuevo movimiento realista, todavía encontramos a los románticos intimistas y rezagados con Bécquer y Rosalía de Castro.


Caspar Friedrich


Bien, vayamos con el Romanticismo.

¿Cuál es la primera característica del romanticismo?

Sin duda su reacción contra la razón que definía el siglo XVIII.
Los románticos no creen que la razón pueda explicar el mundo de manera completa. No se trata de renunciar a la razón, solo de entender que la razón no le da al ser humano su dimensión completa. La razón no lo ha hecho evolucionar, ni ser más feliz, ni comprenderse mejor. No se trata de una vuelta a la Edad Media ni a la superstición, sino que desde la razón, se debe buscar un panorama más amplio que estudie también el inconsciente, las sombras, el mundo onírico, lo irracional.

Partiendo de esta nueva visión las principales características del Romanticismo como movimiento artístico son las siguientes:

IRRACIONALISMO: Se niega que la razón pueda explicar por completo la realidad. La realidad es en esencia caótica, cambiante e incomprensible. Este rechazo de la razón y de lo racional explica la preferencia de los románticos por lo sobrenatural, lo mágico y lo misterioso.

SUBJETIVISMO: Si la razón tiene sus límites, son necesarias otras formas de conocimiento como la intuición, la imaginación y el instinto.

DESENGAÑO: El choque entre el yo romántico y la realidad prosaica y gris produce en el artista romántico un hondo desengaño, un tedio y un hastío vitales que lo llevan a un violento enfrentamiento con el mundo y a rebelarse contra sus normas morales, sociales, políticas o religiosas.

INSEGURIDAD RADICAL: Al haber perdido la confianza en la razón, al no ser ahora el mundo un lugar de certezas absolutas, el romántico es un ser inseguro e insatisfecho. Ello da lugar a la desazón vital romántica.

EVASIÓN: Para escapar de ese mundo en el que no encuentra cabida su idealismo extremo, el romántico opta por escapar de esa realidad que no le gusta. Esa evasión puede conducirlo a épocas pretéritas como la Edad Media o lugares lejanos y exóticos como Oriente, América….

IDEALISMO: En conexión con la filosofía idealista fundamentalmente alemana, que se impone con fuerza en toda Europa en la primera mitad del siglo, el hombre romántico siente una especial predilección por lo absoluto, por lo ideal. El romántico busca la Libertad, el Progreso, la Belleza. Hay en los románticos un sentimiento de “no plenitud”, una conciencia de lo incompleto de la existencia humana que les hace buscar casi desesperadamente lo absoluto.

INDIVIDUALISMO: El hombre romántico tiene una conciencia aguda y dolorosa de la propia personalidad, de ser distinto de los demás, y afirma constantemente ese “yo” frente a lo que le rodea. Desde el punto de vista del proceso creador, está claro que el yo del artista pasa a ocupar el primer plano. En las obras románticas se vierten los sentimientos de sus creadores, que expresan su insatisfacción con el mundo circundante, su ansia de infinito, su búsqueda del absoluto, su amor apasionado, su deseo vehemente de libertad, sus estados de ánimo...

SOLEDAD: Además de la evasión temporal o espacial, adquiere especial importancia la huida de la realidad mediante el refugio de sí mismo, con lo que el gusto por la soledad se convierte en uno de los temas románticos por excelencia,

EL GENIO CREADOR: El artista no es ya el artesano que elabora y pule pacientemente sus obras, fruto de un laborioso y concienzudo aprendizaje previo, sino que el arte se convierte en la forma de expresión del genio que el creador lleva dentro. El artista, pues, nace, no se hace. De ahí la revalorización de lo espontáneo, de lo intuitivo, de lo original.

NATURALEZA: El romántico proyecta sus sentimientos en la naturaleza, sea esta serena o turbulenta como una tormenta.

AMBIENTES FANTASMAGÓRICOS, OSCUROS: Se busca el refugio en la noche, en los cementerios, en los lugares misteriosos, solitarios que proporcionan mayor cercanía al sentir de alma solitaria, incomprendida del artista y que mejor le permiten explorar sus sombras.


LA POLIMETRÍA en los versos que hacen gala de la búsqueda de la libertad también la expresión.


Siempre recomendando el repaso de los apuntes de la unidad de literatura, me gustaría más bien ofreceros aquí varios fragmentos románticos de los diversos géneros literarios para aplicar la las características teóricas a la práctica, ¿os parece?



Espronceda


LA CANCIÓN DEL PIRATA DE ESPRONCEDA

Es un poema de romanticismo exaltado donde Espronceda muestra una de las características fundamentales de este movimiento:
la libertad.
El romántico no está dispuesto a someterse a aquellas normas sociales, morales o divinas que le sean impuestas y que no considere justas. Por eso, este pirata justiciero no tiene miedo de nada y ansía por encima de todo: la libertad.

"Que es mi barco mi tesoro, 
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley, la fuerza y el viento,
Mi única patria, la mar. "



Gustavo Adolfo Bécquer


GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER: RIMAS Y LEYENDAS
En cuanto a las Rimas, podríamos dividirlas en 4 series temáticas: 
los primeros poemas suponen una especulación sobre el sentido de la poesía, ¿cuáles son sus temas? El misterio, la mujer, la belleza, el amor...

Observad cómo en la siguiente Rima el poeta no parece sentirse satisfecho con la belleza ni con la pasión ni con el goce carnal, su máxima aspiración es aprehender a la mujer misteriosa, la fantasmagórica, la inalcanzable:


 RIMA XI

—Yo soy ardiente, yo soy morena, 
yo soy el símbolo de la pasión, 
de ansia de goces mi alma está llena. 
¿A mí me buscas? 
                                      —No es a ti, no. 
—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro: 
puedo brindarte dichas sin fin, 
yo de ternuras guardo un tesoro. 
¿A mí me llamas? 
                                      —No, no es a ti. 
—Yo soy un sueño, un imposible, 
vano fantasma de niebla y luz; 
soy incorpórea, soy intangible: 
no puedo amarte. 
                                      —¡Oh ven, ven tú!



La segunda serie es una etapa breve de amor correspondido, feliz y luminoso:


RIMA XXI

¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.



Daniel F Gerhartz














RIMA XXIII
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... ¡Yo no sé
qué te diera por un beso!



Daniel F Gerhartz


Como buen romántico no podía durar mucho en su etapa feliz nuestro poeta, la 3ª serie supondrá así una decepción amorosa que lo sumirá en una profunda tristeza y abandono:


RIMA XXXV

No me admiró tu olvido! Aunque de un día,
me admiró tu cariño mucho más;
porque lo que hay en mí que vale algo
eso... ¡ni lo pudiste sospechar!

RIMA XXXVIII

¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida

¿sabes tú adónde va?

Y, la cuarta serie supondrá ya el hundimiento absoluto en la depresión, no solamente por la tristeza de la decepción amorosa, sino más allá por una profunda inquietud vital, una angustia existencial:


RIMA LVI

Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar..., andar.

Moviéndose a compás como una estúpida
máquina, el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.

Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar;
gota de agua monótona que cae,
y cae sin cesar.

Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos
sin goce ni dolor.

¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir...
Amargo es el dolor; ¡pero siquiera
padecer es vivir!


LX

Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.







Respecto a sus Leyendas, subrayemos El Monte de las ánimas que expresa la sobrenatural, el miedo a lo desconocido, a la muerte y los esqueletos que cobran vida durante la noche de las ánimas.

Maese Pérez, el organista, cuyo espectro vuelve a tocar el órgano como un virtuoso durante la misa del gallo de la Nochebuena.

El rayo de luna expresa, sin duda, el idealismo del alma romántica llevada al paroxismo, Manrique vislumbra el traje blanco de una mujer, llevado de su imaginación la persigue dotándola de vida y belleza en su pensamiento, sin encontrarla, para descubrir un mes después que aquel efecto blanco que vio era el reflejo de la luna.

Mariano José de Larra


En cuanto a la prosa en el romanticismo destaca la novela histórica, pero hemos de comentar especialmente los artículos periodísticos de Mariano José de Larra donde encontramos sátira política, crítica a la burocracia, costumbres pintorescas obsoletas, reflexiones personales a veces demoledoras sobre el sinsentido de la vida...

Uno de los artículos costumbristas más conocidos de Larra es:
Vuelva usted mañana que supone una sátira sobre la dificultad de resolver un tema de papeleo para instalar una empresa en España por parte de un francés durante sus días de vacaciones. Todas las ventanillas administrativas se le cierran, derivándole a otras a cuyo horario ya no llega. La risa es mordaz, sobre todo por la actualidad que supone leer este artículo en nuestro días, pues quién no se ha visto retratado en una burocracia caduca alguna vez.

Leamos este fragmento del artículo de Larra que supone la conclusión de la historia. Observad la ironía en el análisis de la idiosincrasia española.


¿Tendrá razón, perezoso lector (si es que has llegado ya a esto que estoy escribiendo), tendrá razón el buen monsieur Sans-délai en hablar mal de nosotros y de nuestra pereza? ¿Será cosa de que vuelva el día de mañana con gusto a visitar nuestros hogares? Dejemos esta cuestión para mañana, porque ya estarás cansado de leer hoy: si mañana u otro día no tienes, como sueles, pereza de volver a la librería, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de abrir los ojos para hojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mí mismo, que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas veces, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas, perder de pereza más de una conquista amorosa; abandonar más de una pretensión empezada, y las esperanzas de más de un empleo, que me hubiera sido acaso, con más actividad, poco menos que asequible; renunciar, en fin, por pereza de hacer una visita justa o necesaria, a relaciones sociales que hubieran podido valerme de mucho en el transcurso de mi vida; te confesaré que no hay negocio que no pueda hacer hoy que no deje para mañana; te referiré que me levanto a las once, y duermo siesta; que paso haciendo el quinto pie de la mesa de un café, hablando o roncando, como buen español, las siete y las ocho horas seguidas; te añadiré que cuando cierran el café, me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declararé que de tantas veces como estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fue de pereza. Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé «Vuelva usted mañana»; que todas las noches y muchas tardes he querido durante ese tiempo escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz diciéndome a mí mismo con la más pueril credulidad en mis propias resoluciones: «¡Eh!, ¡mañana le escribiré!». Da gracias a que llegó por fin este mañana que no es del todo malo: pero ¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás.







En el teatro destaquemos que el héroe romántico es perseguido por un destino fatal como ocurre en Don Álvaro o la fuerza del sino del duque de Rivas. Las características del teatro romántico son:

El tema principal de los dramas románticos es el amor, un amor absoluto e ideal, que está por encima de las convenciones sociales. La imposibilidad de alcanzar un amor puro y perfecto en un mundo hostil hace que frecuentemente los finales sean trágicos. Ése parece ser el destino de unos enamorados que aparecen siempre como víctimas inocentes. Sin embargo, este destino trágico no es algo que lleven en sí m ismos los personajes a la manera de los de las tragedias clásicas, conddenados ya desde su nacimiento, sino que es fruto del enfrentamiento con el mundo y de las peripecias de la intriga que desarrollan los argumentos. En los dramas románticos, los personajes no cambian, carecen de evolución psicológica. Los héroes suelen tener un origen desconocido y misterioso: están poseídos por una pasión absoluta y su comportamiento oscila bruscamente de la felicidad a la desesperación; tienen dos grandes aspiraciones: el amor a la libertad y el amor a la mujer. 


TAREAS:

1-Explica por qué es romántica la Canción del pirata de Espronceda.

2.-Refiere las 4 series temáticas las Rimas de Bécquer ejemplificándolas en alguna de las Rimas.

3.-Cita algún Artículo periodístico de Larra y su temática.

4.-Menciona algún drama teatral romántico y señala sus características argumentales.




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